Biografía

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Nací el 19 de Junio de 1993, en la ciudad de Chillán (Chile), siendo el menor de cuatro hermanos - título que me conferiría el trono de consentido y regalón.

Sylvia del Pilar Muñoz Vera fue mi madre y quien me enseño a luchar por mis sueños, mujer abnegada y cariñosa. Manuel Jesús Bucarey Candia, mi padre, era hombre de campo y esfuerzo, a quien poco conocí ya que falleció cuando yo era muy pequeño. Ambos de origen muy humilde me transmitieron su sencillez, carisma, valores y educación. mi madre vivió sus últimos años con Alzheimer, y a pesar de que ya no recordaba cosas muy importantes ¡jamás olvido a su hijo bailarín!

La música y la danza siempre estuvieron rondando mi vida gracias a la influencia de mi madre, que, si bien jamás se dedicó a ello, me contagió su espíritu alegre y entusiasta, siempre incitándome a bailar.

Antes de que la danza golpeara a mi puerta con más rigurosidad, mi primer acercamiento al arte fue de mano del dibujo y la pintura, los cuales cultivé durante toda mi enseñanza básica y gran parte de la media. Logré ganar varios concursos artísticos locales, regionales y nacionales que me permitieron obtener becas y profundizar en mi aprendizaje.

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Si pudiera describirme, diría que fui un niño muy solitario, adorado por los adultos, pero incomprendido por la gente de mi edad. Cargando con la melancolía de mi madre por la vida tan dura que tuvo - y que lentamente la fue apagando. El arte siempre fue mi refugio, era donde podía crear un mundo mejor. Siempre tuve una inquietud profunda por la historia y sus vestigios.

Crecí con un padrastro maltratador lo que definió por años mi personalidad, especialmente durante la adolescencia, en la cual además del acoso escolar debía afrontar la violencia doméstica constante, lo que me llevo a ser muy tímido, reservado e inseguro. Cuando la danza apareció en mi vida - ya más de grande - fue una fuerza que no pude controlar, un llamado del alma. Me enseñó la seguridad, reconcilió mi historia personal y por primera vez me mostraba lo que era tener control de mi mismo, a través del cuerpo, el ritmo y la fluidez.

 

Comparto esto, porque mucha gente se acerca anhelando cambios, viendo lo que defino como un “resultado” y piensan que quienes seguimos un camino “artístico” como decisión de vida no tenemos problemas, y no se trata de eso. El arte nos ayuda a tolerar la vida de manera más positiva y entusiasta, resignifica momentos dolorosos, nos enseña sobre libertad, pasión, y en mi caso, le da sentido a la vida. Cuando comencé a bailar, le encontré un propósito a estar aquí, y con los años, la danza se a convertido en mi vocación (en todas sus facetas).

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